Martí i la fàbrica
2009
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Es la historia de una fábrica de 150 años de antigüedad. La idea, de un artista catalán, es hacer una copia y reconstruirla en Santa Fe para que los americanos disfruten de ella. Ladrillo a ladrillo, el artista catalán quería construir una copia del edificio

La historia de la peculiar copia comenzó hace un tiempo, cuando un artista catalán quedó maravillado por la polémica que se creo ante la posible destrucción de una fábrica en su ciudad natal, y decidió llevarse el edificio a New Mexico.

Este no es el primer caso de “mudanza” de un edifico. Hace dos años, una antigua residencia llamada Yinyu House [casa del inglés], en la provincia oriental de Anhui, fue trasladada al Museo de Essex en los EE.UU. Los 700 bloques de madera, 8.500 azulejos y más de 500 piezas pétreas de la casa fueron empaquetados y embarcados en 40 contenedores para luego ser recolocados en su nuevo hogar estadounidense.

Hay muchos mas ejemplos de copias construidas en Estados Unidos y en el resto del mundo: la réplica del Partenón de Atenas en Nashville, Tennesse; el pabellón de la república para la exposición Universal de París de 1937, reconstruido en Barcelona con motivo de los juegos olímpicos; las cuevas de Alta Mira; el Globe Theatre en Londres; la torre Eiffel; o sólo nos faltaría pasear por Las Vegas para ver todos los lugares posibles del mundo concentrados en una misma ciudad.

Esto es lo que se les ocurrió a los políticos de una pequeña ciudad cerca de Barcelona, hacer una copia de una vieja fábrica de la ciudad. La llegada de un centro comercial hizo que el gobierno se replanteara la distribución urbanística viéndose afectada una fábrica del siglo XIX. La primera decisión que tomó el ayuntamiento fue destruir el edificio para que el centro comercial pudiera instalarse en sus terrenos, pero la reacción de los ciudadanos les hizo cambiar de opinión planteándose la faraónica idea de copiar la fábrica a 200 metros de su lugar original.

El traslado y copia del edificio es tan caro que el pueblo esta esperando a ver que sucede. Mientras tanto la fábrica aguanta en su sitio esperando que algún día se defina su futuro.

Tener iniciativas absurdas parece ser uno de los “deportes” de la gente de Mataró. La gente que vive allí tiene un el apodo de Capgrossos: el siglo pasado un pescador construyó un barco dentro de su casa y cuando lo quiso sacar a navegar, resultó que la puerta de salida era mas pequeña que la barca. Es por esto que la gente de Mataró se les llama Capgrossos.

Un artista local, sin pensarlo mucho, propuso a la ciudad de Santa Fe la posibilidad de hacer una copia de la fábrica de Mataró en esta ciudad, y la reacción de la gente fue muy positiva. Con a la ayuda de Lance Fung y Laura Heon se propuso el proyecto a Sue Sturtevant y Stuart A. Ashman del Department of Cultural Affairs y al alcalde, que lo recibieron con los brazos abiertos.

El artista se lo ha tomado cómo un reto y llevará a cabo todo el proyecto con sus propias manos. Un acto de fe para salvar el patrimonio de su ciudad. Ladrillo a ladrillo construirá una copia del original en la ciudad de Santa Fe, y una vez terminado se cederá a la ciudad para que esta sea un edificio mas entre las construcciones de adobe.

El traslado y copia de grandes edificios de un lugar a otro se ha convertido en una imagen habitual de los telediarios, que no paran de informarnos de nuevos récords en este nuevo “deporte”. Y como todos los deportistas: lo importante es participar, no ganar. Este proyecto, también, esta abierto a cualquier resultado, el tiempo dirá.

Una vez terminado el proyecto de Santa Fe, el artista propuso la idea de transportar la fábrica de Mataró a Lyon, en motivo de la X Bienal de Arte de Lyon. El ayuntamiento de su ciudad natal había propuesto como última solución; cortar la fábrica original a trozos y transportarla en un almacén hasta encontrar una nueva ubicación.

Así que a Martí Anson se le ocurrió transportar la fábrica de Mataró a Lyon. Realizó una maqueta de chocolate de la fábrica a escala y planteo llevársela como un acto reivindicativo. Anson, con la ayuda de sus amigos David López y Luz Broto, tendría que conducir lo más rápido posible para que no se derritiera durante el viaje. El transporte era proyecto que no estaba a su alcance, y el resultado fue un fracaso.

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