Pavelló Català. Arquitecte Anònim
2013
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Alrededor de los años 60 y en pleno franquismo en España, en Mataró, una pequeña ciudad cerca de Barcelona, surge un movimiento cooperativista de un grupo de gente que de manera altruista intenta construir y plantear proyectos de futuro para mejorar su calidad de vida y la de los otros. Cooperación entre profesionales de diferentes disciplinas, arquitectos, abogados, administradores, gestores y artesanos trabajando conjuntamente en varios proyectos, apostando por las prácticas comunitarias y rompiendo con el sistema jerárquico de la dictadura. Sin darse cuenta hacían política, y trabajando con las cosas más profanas, intentaban encontrar la manera de mejorar aquello que tenían. Crean cooperativas de vivienda, de cultura, de crédito, una escuela en catalán, y un largo etcétera. Entre toda esta gente encontramos a Joaquim Anson, personaje que aparece como diseñador de muebles y espacios de todas aquellas viviendas nuevas que se creaban. Con la política de hacer muebles diseñados a medida, funcionales y a un precio asequible, Anson diseña muebles en esta ciudad y para gente de Barcelona. Nunca se lo plantea como una empresa, si no como un trabajo dialogado entre el cliente y el productor, buscando siempre la mejor solución para las dos partes.

Siguiendo el espíritu de la edificación barata, Joaquim Anson, que no era ni arquitecto ni constructor, se planteó la construcción de una casa de vacaciones para su familia. Después de comprar un solar en Oix, un pueblo de La Garrotxa, puso en marcha la construcción pensando que era posible disponer de una casa a bajo coste utilizando el mínimo de materiales necesarios. Por eso, diseñó una casa donde la construcción con ladrillos cubría todas las necesidades, tanto de estructura como de mobiliario, que se incorporaba directamente a la obra de ladrillo. La economía del espacio era uno de los puntos esenciales de la edificación. Un edificio como un mueble.

La casa tenía 50 m2: una cocina-comedor, una sala de estar rodeada por un banco de obra con almohadas que servía de sofá e integraba el hogar de fuego (única calefacción de la residencia) un lavabo y tres habitaciones (una de matrimonio, una por los tres hijos y otra para la hija). Cómo el espacio era pequeño, se utilizaban todos los rincones de la casa.

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El año 2013 y con motivo de la exposición “Nouvelles vagues” al Palais de Tokyo de París, exposición comisariada por Marie Griffay, Martí Anson presenta el proyecto “Catalan Pavilion. Anonymous Architect”. El artista decide reconstruir la casa que hizo su padre. Una estructura de madera desmontable, que se puede volver a montar en pocos días y sin la ayuda de profesionales. La construcción de Anson rinde homenaje a los constructores anónimos que realizaban proyectos que se concretaban en edificios sencillos, funcionales y asequibles. Reivindicar la arquitectura anónima es una de los hitos de este proyecto.

De este modo, valora los conocimientos y el significado del patrimonio local, como hacen los pabellones nacionales de las exposiciones universales e internacionales, que representan las ideas de un país a partir de la forma arquitectónica en que se concretan. Así pues, la casa familiar es también un “pabellón catalán”. Adquiere así un cierto significado político, aquel que reivindica una manera de hacer anónima y cooperativa.

El Palais de Tokyo recibió el proyecto con las manos abiertas, pero esto no quiere decir que no hubiera problemas. Problemas de presupuesto hicieron que el pabellón se inaugurara el 20 de junio de 2013 sin estar acabado. Una construcción de madera, que le faltaban paredes, sin ventanas ni puerta y sin techo.

El pabellón se desmontó el día 11 de Septiembre, día de la “Diada de Catalunya”.

Como la película “One Week” de Buster Keaton, construir una casa no es cosa fácil, y el resultado nunca es el que esperabas.

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Un año después en abril de 2014 la Fundación Suñol de Barcelona acogió el pabellón al Nivel Zero de la institución. Y en esta ocasión, se instaló la casa en el patio exterior del edificio, poniendo el suficiente dinero para poder cubrir el techo del edificio con tejas.

A lo largo de los meses en que el “Pavelló Català” de Martí Anson fue expuesto se llevaron a cabo diferentes actividades, comissariadas por Frederic Montornés, tanto en su interior como en el exterior.

La primera actividad que se realizó fue una exposición de las pinturas del artista Rasmus Nilausen titulada “Parergon”. Después fue el grupo de arquitectos MAIO que realizó una acción a partir del concepto de copia y anonimato en la producción arquitectónica desde la domesticidad. Un proyecto reivindicando la utilidad de la arquitectura. Hicieron llover cuando la gente estaba dentro de la casa mostrando la utilidad de la arquitectura. Josep Muñoz, arquitecto, impartió una charla alrededor del mobiliario arquitectónico de los años 60 y presentando la relación entre modernidad y tradición, y finalmente, Carme Torrent y Aimar Pérez Galí hicieron una performance titulada “Extender los límites de un pabellón”, en la cual se dedicaban durante una tarde a desmontar parte del pabellón.

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Una vez acabada la exposición el pabellón se desmontó y se guardó en un almacén esperando una nueva oportunidad. Y así ha sido, el junio del 2015 el pabellón se volverá a construir en las playas del De Panne de Bélgica con motivo de la triennal de arte “Beaufort 2015”.

Con motivo de esta exposición, y con la posibilidad de que el pabellón sea utilizado durante la triennal como edificio, los organizadores del evento se comprometen a poner ventanas y puerta, por cuestiones de seguridad, puesto que el edificio será construido al aire libre.

En este caso, pero, ondearan muy altas la bandera de Cataluña y la de Flandes acompañando un pabellón que sólo pretende reivindicar la arquitectura anónima.

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